Urbasa, un bosque húmedo.

Al oeste de Navarra se encuentra un parque natural que divide dos navarras, la que mira al atlántico y la que le da la espalda. 

Sus hayedos y prados engalanan unas rocas entre las que pastan caballos, vacas y ovejas. Dando pocos pasos te acercas a acantilados que surgieron hace millones de años cuando la gran meseta de Lizarraga se hundió dando paso a un pasillo entre montañas. 
Sierra de Urbasa [Fotografía: Oihane]
Sobrevuelan el paraje buitres con hambre pero no se acercan porque como yo, tienen miedo a que una ráfaga de aire los haga caer al precipicio.

Y escondido en el valle de Yerri, aparece el monasterio de Santa María de Irantzu (Santa María de los helechos) del siglo XII. Con un claustro bellísimo que nos muestra varios estilos arquitectónicos, los arcos góticos apuntados o los más antiguos de medio punto estilo cistercense. 
Monasterio de Santa María de Iranzu [Fotografía: Oihane]
La iglesia, sobria como ordenaba San Bernardo, con paredes desnudas y un altar de piedra, serio y rotundo para que no se distraiga quien busca orar en este templo. 
Ruinas de la antigua Iglesia de San Adrián  [Fotografía: Oihane]
Y una curiosidad, los frailes que allí vivían tenían prohibido bañarse de cuerpo entero y lo hacían en el lavatorio por eso quien era visto bañándose en el río era castigado y encerrado en unas celdas junto a la antigua Iglesia de San Adrián (o San Andrés como insistía mi guía). 

Y ¿lo mejor? La compañía.

@Ohihane

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