Un frío viaje a Praga (II)

Después de dormir más de 8 horas seguidas cualquier reto que me pudiera proponer LonelyPlanet me habría parecido poco. Bien temprano puse rumbo al Castillo de Praga siguiendo una marea de gente que se detenía obediente frente a las casetas de seguridad. 

El origen de este edificio se remonta al siglo IX cuando se estableció allí  la residencia del Rey de Presmyslida (dinastía checa que reinó en Boehemia y Polonia). Durante los siglos X y XI  esta fortificación fue creciendo y se vio reforzada con torres. Pero sin lugar a duda, el proyecto más ambicioso comenzó en el siglo XIV durante el reinado de Carlos IV quien ordenó la construcción de la Catedral de San Vito. 

Desde cualquiera de sus puertas, en cada esquina, con cada columna, podía disfrutar de la majestuosidad del templo, con vidrieras coloridas y estrechos pasos para contemplar la tumba de Wencesalao IV, el rey bueno. 
Portal Dorado: Acceso sobre el que entraban los reyes para su coronación [Fotografía: Oihane]
La catedral es el resultado de más de 600 años de obras y tanto en el interior como en el exterior se pueden observar elementos góticos, renacentistas y también barrocos. Tan largas fueron las obras de este edificio que no fue hasta principios del siglo XX cuando finalmente quedó consagrada. 

Recorriendo  Hradcany (complejo del Castillo de Praga y alrededores) encuentro en la casa de un antiguo director de cine, la reproducción de una película en blanco y negro de princpios de siglo de cómo se erigó el monumento en homenaje a las víctimas de la Primera Guerra Mundial que ahora acompaña a San Jorge frente a la catedral.

Número 22 de la Calle Dorada, antigua vivienda de Franz Kafka [Fotografía: Oihane]
Y comienza a llover y la humedad entra en mis huesos, pero me niego a templar mi espíritu con ese vino dulce cuyo olor inunda todo. Quizá Kafka me deje resguardarme en su casa.  
 
En el llamado callejón de oro, habitaron en el siglo XVII artesanos que trabajaban este metal y en el siglo XX otros orfebres, estos de las letras, como Franz Kafka.

Salones sin reyes, callejuelas sin carruajes, palacetes y jardines... todo custodiado por dos militares que durante una hora quedan congelados por el frío praguense. 

Y desde este barrio, que desde una colina domina Praga, pienso en bajar junto al Moldava para descubrir la ciudad que veo ante mis ojos.

@Ohihane 

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