Un frío viaje a Praga (I)

Estos días le he dado descanso al blog porque no tenía nada sobre lo que escribir y porque en estas fechas me sumerjo en una amargura a la que casi estoy acostumbrada. Pero ahora que he vuelto de un frío viaje, me apetece contaros lo que he estado haciendo estos últimos días.

No me gusta la Navidad, hace años que no la disfruto y cuando comencé a hacerlo fue peor tener que volver a odiarla. Por eso, cuando vi en mi cartelera unos días libres, pensé: "podría coger el coche e irme a un sitio interesante, para pensar, relajarme..." y terminé cogiendo un avión a Praga. 

En Zaragoza me esperaba un pajarillo para llevarme a Barcelona a casi 300 km/h. Hasta El Pilar en coche, con excursión incluida y entre pensamiento y pensamiento una parada en Berdún y en Ansó. Y una fotografía increíble.
Embalse de la Peña, Huesca [Fotografía: Oihane]
Mi primera aventura en tierras checas, de chiste: Un hombre esperándome desnudo en mi habitación. Pero si las clases de inglés fueron bien, en la "four-two-six" no tendría que haber encontrado a nadie. Y tras una breve conversación con Recepción con cara de 'no entiendo nada' termino en la four-two-five

Praga, un paraíso helado que en estos días se ilumina de rojo y blanco, que huele a canela y a vino dulce, que retuerce mis entrañas y enmaraña mis recuerdos. La primera noche, fue especial. Dormir durante más de 8 horas seguidas, un pequeño placer que hace tiempo que no disfrutaba. 

Primera parada, el Castillo de Praga, protegido por altos muros y custodiado por decenas de militares, los mismos que cada hora bailan una melodía a las puertas del recinto. 

Cambio de guardia en el Castillo de Praga [Fotografía. Oihane]
Tras ellas, un mundo kafkiano que homenajea a las víctimas de la Gran Guerra y un dragón muerto a manos de San Jorge [historia muy bien contada por Javier U.

Continuará...

@Ohihane

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