La globalización de los sentimientos

Epicteto (Hierápolis, 55 – Nicópolis, 135) dijo que: "no nos afecta lo que nos sucede sino lo que pensamos sobre lo que nos sucede". Cómo nos afectan las cosas no depende del hecho en sí, sino que tiene que ver con la manera en la que las afrontamos. 

Quienes creemos que van a ser una mera anécdota en nuestra vida, un mero pedo en nuestro universo, se terminan convirtiendo en el centro de nuestro pensamiento, aunque racionalmente sepamos que no se merece tanta importancia. Tenemos que hacer un esfuerzo por tener un pensamiento realista que nos lleve a conclusiones vitales racionales para que no nos veamos inmersos en una tormenta de sentimientos de fatalidad.

¿Todos pensamos igual? Pienso en la globalización. Puedes estar tomándote una cerveza belga en el corazón de China o un queso cheddar en Irán. ¿Sufre igual una persona de Burundi que un esquimal de Alaska? Probablemente no. Nosotros mismos nos exigimos cumplir con unas normas internas para ser recompensados con la felicidad y son estas normas sociales las que tienden a globalizarse: el éxito laboral, la familia perfecta, una cada vez más holgada situación económica, una pareja que nos haga vomitar purpurina... 

No tengo respuesta para tantas preguntas, pero lo que sí sé, es que está en nuestra mano no dejarnos influir por pensamientos negativos, sonreír a la adversidad y  aprender a renunciar. Quizá ahí está clave, en "la renuncia". Cuando te acostumbras a perder cosas, la pataleta suele ser la primera reacción, pero después hay que acomodarse en el saber perder, en aceptar que todo vaya desepareciendo sin que tengamos control sobre ello, sin que podamos evitarlo. Y aunque la vida nos ponga a prueba demasiado a menudo, habrá que afrontarlo con el pensamiento de que "lo mejor es lo que viene". 

@Ohihane   

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