El verano se fue

En la búsqueda por encontrar sitios donde morir, solamente he encontrado sitios donde vivir. Porque cuando te sientes encerrada en una habitación, con la única ayuda de un botón de salida de seguridad que te niegas a volver a pulsar, justo en ese momento en que desesperas por querer salir, aparecen personas que te ayudan a romper candados, abrir puertas y comprender que no siempre las cosas salen como uno quiere, pero siempre hay una vía de escape.


Y agarrándome a esos pensamientos visito lugares que antes no conocía y que ahora descubro con verdadero placer, agarrada yo a mi cámara y ella sufriendo las consecuencias de mis continuas caídas. 

Aquí al lado, cerca de casa he visitado el Castillo de Loarre en Huesca. Bien sabe quien me regalaba libros sobre castillos, que me encantan y los disfruto, sobre todo si hay un audioguía de por medio que me ayuda a adentrarme en cada lugar, descubrir cada rincón y tocar todas las esquinas pensando: ¿quién habrá estado aquí antes que yo?

La lluvia estaba cerca y al llegar al castillo mi primera acción fue mirar hacia el cielo. En pleno octubre y con el gorro ya puesto pensaba en cuanto frío se habría pasado en aquellas estancias. 
Castillo de Loarre, Huesca [Fotografía: Oihane]
Mirando hacia arriba y hacia abajo, por ventanas y balcones de reina descubrí la espectacular bóveda de la iglesia. Se cuenta que cuando el Rey se colocaba debajo de este techo circular, era legitimado por Dios. Y ahí me situé yo, esperando no sé muy bien el qué, quizá volverme a sentir un hada, un duende, la diosa de las flores.
Bóveda de la Iglesia románica del Castillo de Loarre [Fotografía: Oihane]
Desde los pequeños ventanucos quería ver la Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, pero la niebla solo me permitía imaginar soldados musulmanes intentando invadir mi fortaleza. 

Huí de aquellos atacantes y de la lluvia y me refugié en la Ciudadela de San Pedro de Jaca, un recuerdo de mi ciudad, esa que tanto miedo me da y que a la vez me protege entre sus murallas. 
Ciudadela de Jaca [Fotografía: Oihane]

Pero sin lugar a dudas donde me quedaría toda la vida sería dentro de la preciosa catedral de esta ciudad. Una perfecta edificación donde cada puerta te lleva a un siglo.
Catedral de San Pedro de Jaca [Fotografía: Oihane]
Seguiré buscado lugares, lugares que llenen mi vida de mil colores, lugares donde seguir viviendo.

@Ohihane

Comentarios

  1. Voy a sugerirte otro lugar por aquellos lares: San Juan de la Peña, el monasterio viejo.
    Se dice que el Santo Grial estuvo custodiado allí. Ahora solo quedan piedras susurrantes de esas que te cuentan historias al oído, emplazadas en un enclave de evocación.

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    1. El día se me quedó corto pero Huesca ha sido un descubrimiento. Me ha enamorado, y aún tengo tantos sitios por ver... Solamente ahorro para gasolina, Jajaja!!!

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