El tiempo pasa

Pocas cosas hay en la vida tan implacables como el paso del tiempo. Justo ese momento, ese que no quieres que se escape de tus manos, se marcha tan rápido que apenas podemos disfrutarlo. Inexorablemente el tiempo pasa y se lleva esos instantes al cajón de los recuerdos, empujándolos al fondo de nuestra memoria y haciendo que a veces no podamos recordar cómo pasaron. 

Mi tía me dijo: "dentro de un año no recordarás nada". Mentía. El desánimo y la tristeza hacen que tengamos ganas de empujar las agujas del reloj porque el tiempo transcurre con especial lentitud. Pero tenía razón en que, ya pasó, el tiempo, y no ha pasado nada. El sol sigue saliendo por el mismo sitio.

El tiempo es una dimensión que no podemos ver, solamente somos conscientes de a qué velocidad pasa cuando en vez de decir: hace dos meses que, tenemos que decir, hace dos años que, aunque no tengamos la sensación de que haya pasado tanto tiempo. 
La persistencia de la memoria de Salvador Dalí
Cada experiencia, cada momento, tiene que ser vivido con consciencia para configurar un recuerdo que no podamos desvirtuar y así poder volver a ellos aunque sea en sueños. Y las fotografías, ¡bendito invento!. Plasmado en papel podremos recordar el pasado, las fotos nos evocan una realidad vivida, una realidad que aunque se intente borrar siempre quedará ahí, una realidad que mucha veces da miedo volver a afrontar y permanece en la caja del "no abrir". 

El tiempo impide que todo suceda a la vez, pero muchas veces todo ocurre en el mismo momento. Dicen que el tiempo pasa y lo cura todo, pero pasa a través ¿de qué? Es importante darse cuenta de que el pasado no existe, son los recuerdos los que perduran, lo mismo que el futuro que aún está por venir. Lo que es real es este preciso momento, el ahora, los dedos tecleando el ordenador con Joaquín Sabina susurrando "que todas las noches sean noches de boda, que todas las lunas sean lunas de miel". 

Ya lo dijo Platón, "el tiempo es una imagen móvil de la eternidad".

@Ohihane

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