El ginkgo del Señorío de Bertiz

El Señorío de Bertiz se encuentra al norte de Navarra y para contar su historia tenemos que viajar al siglo XIV cuando estas tierras eran propiedad de Pedro Miguel de Bertiz. Este pequeño enclave de inigualable verdor fue transmitido de generación en generación hasta que en el siglo XIX pasa a pertenecer a Don Pedro Ciga y Doña Dorotea Fernández. Ellos fueron los encargados de recuperar el esplendor de este lugar, reconstruyendo el palacio y mejorando los jardines. Para garantizar su conservación Don Pedro legó este señorío al Gobierno de Navarra y por eso en la actualidad se puede disfrutar de este Parque Natural.

Entre robles y hayas, olmos y fresnos me quedo con el ginkgo biloba. Este árbol me pareció especial por su historia y por lo presente que está en la mía. Reconozco que el nombre no se me hacía familiar, "seguramente corresponderá a un árbol chino", pensé. 

Hoja de Ginkgo Biloba del Señorío de Bertiz [Fotografía: Oihane]
El ginkgo o "dátil dorado" es una de las especies vivas más antiguas que existe. Se le considera como 'árbol de la esperanza' ya que en 1945, tras el bombardeo de Hiroshima todas las plantas y árboles en 1 kilómitro alrededor del centro de la explosión, murieron pero meses después cerca de un templo se encontró un ginkgo vivo. Lo mismo sucedió en Tokio en el año 1923 cuando tras un terremoto se produce un gran incendio al cual solamente resistió un templo rodeado por ginkgos. 
Hola del Ginkgo Biloba de Pinondo, Durango [Fotografía: Oihane]
Al mirar sus hojas un recuerdo de mi infancia me dejó pensativa, este árbol lo había visto antes. No sé qué edad tendría pero, recuerdo perfectamente una excursión a un parque cercano al colegio. El objetivo era recoger hojas del suelo para hacer un ejercicio el clase. Recuerdo coger una hoja amarilla con una forma singular y también como la profesora me decía: es un árbol especial, es chino. Estábamos en el parque de Pinondo de Durango, Bizkaia. 

Las hojas de este árbol, que del Oriente 
a mi jardín venido, lo adorna ahora, 
un arcano sentido tienen, que al sabio 
de reflexión le brindan materia obvia. 

¿Será este árbol extraño algún ser vivo 
que un día en dos mitades se dividiera? 
¿O dos seres que tanto se comprendieron, 
que fundirse en un solo ser decidieran? 

La clave de este enigma tan inquietante 
yo dentro de mí mismo creo haberla hallado: 
¿no adivinas tú mismo, por mis canciones, 
que soy sencillo y doble como este árbol?

(Poema de Goethe, 1815)

Pequeño Peio, te lo contaremos cuando crezcas.

@Ohihane

Comentarios

Entradas populares de este blog

Enfermeras en el Gueto de Varsovia

Mi entalpía personal

Iridiología, otra pseudociencia